Colectivo por un Mundo sin Pelacañismo

octubre 29, 2007

Pelacañas del mes: Mariano Rajoy

Filed under: Pelacañas del mes — pelacanismo @ 10:34 pm
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rajoy

Inaugura la selección “Pelacañas del mes” el ilustre Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular, líder de la oposición. En el mismo mes en el que a Al Gore le conceden el Premio Nobel de la Paz y el premio Principe de Asturias, Rajoy dijo acerca del cambio climático:

“Yo de este asunto sé poco, pero mi primo supongo que sabrá. Y entonces dijo: ‘Oiga, he traído aquí a diez de los más importantes científicos del mundo y ninguno me ha garantizado el tiempo que iba a hacer mañana en Sevilla’. ¿Cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?”

La pelacañada completa aquí mismo

De semejante declaración sólo pueden esperarse luego una andanada de críticas, una buena retahíla de comentarios, cachondeo allí donde se permiten comentarios, para terminar en disculpas y excusas. Eso sí, valga en defensa del señor Rajoy añadir que reconoció su error y matizó sus declaraciones.

octubre 28, 2007

Pelacañas medallero

Filed under: Tipología — pelacanismo @ 1:01 pm
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Colecciona palmaditas en la espalda, premios, méritos y aprobaciones, que a menudo reclama para sí por las nimiedades más comunes. Y ese es casi todo su interés.

Obviamente, no se sacian con cualquier cosa, así que intentarán acaparar cualquier proyecto que supongan les pueda beneficiar en sus objetivos, y aunque no sepan muy bien qué hacer con él proyecto, lo venderán poco más tarde como el más rotundo de los éxitos.

Una buena manera de acabar con él es aplaudirle hasta que explote de orgullo, pero esa táctica resulta ineficaz por evidente. Son muy desconfiados y enseguida recelan de cualquiera que les haya calado. Su hambre exacerbada les llevará en poco tiempo a ser descubiertos y tenidos por tales por quienes están con él. Son realmente peligrosos en estructuras muy grandes, donde las responsabilidades se diluyen, si hay más de una persona que pueda hacer lo mismo, o si tienen un equipo detrás que pese a sufrirles, sea eficaz. Sugerimos una discreta política de contextualización: hay que poner los supuestos logros del pelacañas medallero en su contexto para que cese en su actitud al verse desenmascarado. Suelen mutar en especies más peligrosas, pero esa evolución es darwinianamente inevitable.

Su peligro es que mientras reclaman medallas por cosas poco importantes, dejan sin hacer sus labores principales. Pueden bien atribuirlas a otros, aplazarlas constantemente, dejarlas a medias, o simplemente hacerlas mal con la escuxa de una sobrecarga de trabajo, documentada a través de los méritos que reclaman por sus tareas accidentales. Los casos endémicos consiguen destruir la esperanza de toda la organización en que realmente los departamentos con pelacañas medalleros van a cumplir efectivamente con su parte de un trabajo en equipo.

Pelacañas intrigante

Filed under: Tipología — pelacanismo @ 12:53 pm
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Tan inútil en el trabajo como cualquier pelacañas, pero especialmente hábil en el manejo de influencias, rumores y reputaciones. Es capaz de hundir a sus adversarios sin que ni siquiera se den cuenta, socabando aquí y allá. Zapadores de la opinión de los demás, tienen una envidiable capacidad de captar detalles, una intuición para las relaciones humanas que les hace casi invulnerables y una memoria enorme cuando se trata de recordar quién estaba con quién dónde y quién se la tiene jurada a quién y por qué.

Toda esa información forma un as en la manga del pelacañas intrigante. Los malos especímenes acaban aislados de todos, ya que se les identifica rápido. Pero los efectos de los que son capaces de llegar lejos sólo se descubren en el improbable caso de que todo el mundo ponga las cartas boca arriba. Sólo la integridad y honestidad de una buena parte de la organización puede poner de manifiesto su maniqueísmo.

Lo interesante es que si hay dos pelacañas intrigantes en una estructura lo suficientemente pequeña para que se encuentren, se acabarán destruyendo el uno al otro. Si por el contraría se alían, huyan, están en peligro.

Pelacañas llorón

Filed under: Tipología — pelacanismo @ 12:28 pm
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Incapaz de reconocer ni una sola vez que sus fracasos sólo le corresponden a él, devasta y malbarata recursos en una carrera sin freno hacía un precipicio, del que saldrá airoso por sus quejas. Pesadísimo, aburridísimo y denostado por todos, consume el tiempo de los pobres inocentes que escuchan su retahíla de excusas, destinadas todas a demostrar que nunca es culpa suya lo que pase, que es una víctima de:

  • las circunstancias
  • la incomprensión su jefe
  • la mala fortuna
  • alguien que pasaba por allí.

A veces consiguen despertar la conmiseración de los buenos corazones, por lo que quién señale su comportamiento pelacañista en las fases iniciales podría verse acusado incluso por los que comparten nuestra opinión. Triste, pero así es la vida…

Pelacañas pelotero

Filed under: Tipología — pelacanismo @ 12:25 pm
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Lo único bueno es que se le detecta enseguida. Y lo peor es que erradicarlo es casi imposible. Si superior jerárquico no se libra de él en cuanto lo detecta, sólo caben dos posibilidades: o es una pobre víctima que no sabe que lo sufre, u otro pelacañas que utiliza al pelotero. Sea como fuere, la mejor defensa de este tipo de pelacañas es controlar el ego de su superior de manera que cualquier ataque contra el pelacañas sea interpretado como un ataque a su jefe. Además, el carácter peloteril suele hacer que el jefe deba más de un favor (en muchas ocasiones personal) a este pelacañas. Eficaz en el uso de la agenda de contactos, no dará un palo al agua pero se preocupará mucho de tener siempre a mano a alguien que le debe un favor y a quién pedirá que le saque del apuro. Un modelo de gestión que a veces da resultado, pero no nos engañemos, acaba por pasar factura. Tarde o temprano el pelacañas pelotero mete la pata, reitera, y cae por su propio peso. O no… Se recomienda paciencia, mano izquierda y darle cuerda.

Pelacañas altanero

Filed under: Tipología — pelacanismo @ 12:21 pm
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Es un completo incompetente se le asigne la tarea que se le asigne, pero logrará convencer a unos cuantos de que la cumplió con éxito. Además, hará gala de ello y usará ese supuesto triunfo para empequeñecer a los demás, apoyándose en una chulería y agresividad que a menudo no es más que un subterfugio para que quienes no quieren verse envueltos en problemas le acaben dando la razón. Su actitud es una huída hacia delante al fin y al cabo. Presumen de lo que no han hecho avasallando de paso para encubrir sus carencias. Sólo el tratamiento de choque es eficaz y no valen fallos por que pocas oportunidades ofrecen. El golpe ha de ser contundente, inesperado y directo a la línea de flotación. Si ello no le hunde (el pelacañas es casi insumergible o no es) al menos le mostrará que con nosotros sus tácticas no funcionan. Y si no le cura, le obligará en caso de éxito a mutar en un tipo pelacañas menos pretencioso.

Tipología del pelacañas

Filed under: Tipología — pelacanismo @ 12:18 pm
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Podríamos hacernos los graciosetes y decir que hay pelacañas de todo pelaje. Lo malo es que es cierto. La especie avanza mutando en nuevas formas, lo que complica la lucha contra el fenómeno e incluso su identificación. Se dan a menudo casos de parasitarismo, donde un empleado eficiente acaba influenciado y casi poseído por un pelacañas. Y mutaciones súbitas, donde el empleado de a pie acaba revelándose de un día para otro como un pelacañas de tomo y lomo.
La bastísima variedad y los cruces entre pelacañas hacen de esta tipología sólo una aproximación: cuídense de no tener en cuenta tal posibilidad los que huyen del pelacañismo.
Veremos algunas cepas de pelacañas ya identificadas en este blog

¿Qué es un pelacañas?

Filed under: Lo básico — pelacanismo @ 12:10 pm
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El término, adoptado del catalán “pelacanyes” no figura en el Diccionario de la lengua española de la RAE en su flamante vigésima segunda edición del 2001. Aunque su inclusión sería práctica, no somos quienes para juzgar si correcta. Dispone la Academía de doctos y largamente formados expertos en esas visicitudes con mucho atino y profusión a la hora del uso de adjetivos despectivos y a disertar sobre tales términos. Nuestros respetos.
Un diccionario mucho más humilde, un Vox castellano-catalán, asimila al término catalán a los adjetivos castellanos “pelagatos” y “trapillo”, ambos si presentes en la obra de la RAE. Descartemos el segundo (la acepción aquí correspondiente sería “”galán o dama de baja suerte”) y vayamos a por el primero, ya que ensalza la diversidad y simultáneamente la similitud de los idiomas oficiales del Estado, contradictorio pero encantador país donde puestos a pelar, los catalanes pelan cañas y los castellanos gatos. Un pelagatos pues, según la RAE, es una “persona insignificante o mediocre, sin posición social o económica”. Interesante el uso del término mediocre. La RAE especifica que un mediocre, del latín mediocris, es “de calidad media” o “de poco mérito, tirando a malo”.
Hasta ahí de acuerdo, pero en cuanto concierne a este blog, sólo en parte: el pelacañas tiene un sin fin de méritos, que no de virtudes. Hay que reconocerle su mérito no sólo para mantenerse en su posición laboral, sino para entorpecer el trabajo de los demás, de sus víctimas, sin resultar recriminado apenas.
Siendo el pelacañismo un mal hoy por hoy endémico, cabría también reconocer el mérito de la reproducción biológica del pelacañas, lo que nos haría disertar acerca de si el pelacañas nace o se hace. Un tema que abordaremos más adelante. O acerca de si el pelacañismo se contagía, una aterradora posibilidad de devastadoras consecuencias que también discutiremos pronto.
Un pelacañas en un entorno laboral es mediocre tirando a malo, como hemos definido, pero el peligro no radica en esa breve descripción. Alguien incompetente, torpe o patán no siempre es culpable de ser así, ni merece su incapacidad el tratamiento de erradicación que merece con todas las de la ley el auténtico pelacañas. La perfección no existe, nadie está libre de meter la pata, una tarde tonta la tiene cualquiera.
Pero el pelacañas es diferente: no es malo por no dar más de sí, es malo por vocación y muy a menudo por supervivencia. El auténtico triunfo del pelacañas es el mismo que asignan algunos teólogos al mismísimo diablo: su victoria es hacernos creer que no existe. Pero vaya si existe, una plaga es ya en el tejido empresarial…
El pelacañas se sabe torpe pero esconde su torpeza con un maquillaje camaléonico, que adaptará según las circunstancias para disfrazar su torpeza con un barniz de triunfo inapelable, o bien culpando a otros, o escondiendo su pelacañada, enquistándola con la esperanza de que no llegue a descubrirse nunca. Tales comportamientos llevan siempre a un mismo fin: permanecer en la estructura de la empresa, vampirizar lo que se pueda y huir a puestos mejores en corporaciones más grandes si surge la posibilidad. La huida es rápida si la empresa está tan dañada ya por las pelacañadas que presenta un diagnóstico grave. El pelacañas es un parásito que enferma un cuerpo para saltar a otro cuando el huésped no da más de sí.
Un pelacañas es aquel que hace las cosas mal, sabiendo que las hace mal, con la desidia suficiente para no poner remedio aunque este sea posible. Con capacidad o no para hacerlas mejor, con tiempo de reacción suficiente para corregir el fruto de su incompetencia, pero sin la voluntad necesaria para dar el paso que separa al auténtico pelacañas del puntual, esporádica y desintencionadamente ineficiente. Y no olvidemos que un pelacañas casi siempre tiene influencia en el trabajo de los demás. Un autónomo aislado no es un pelacañas, ya que no molesta. De la misma manera que un virus entra en acción cuando infecta. Alguien que trabaja sólo, sin interactuar con los demás, si acaso tal cosa existe, nunca puede ser un pelacañas. Por que está en la naturaleza del pelacañas hacer daño, ni que sea para encubrirse. Disminuir el rendimiento o la eficacia de los demás, dejarles en mal lugar, culparles… Esa característica hace al pelacañas un mal bicho que acabará picando, mordiendo y emponzoñando todo a su alrededor.

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